domingo, 28 de febrero de 2010

.....the A is for Absolute.....

Hénos aqui que llegamos a la tercera parte de la tetralogía,apurando febrero, de tal forma que la conclusión de nuestra épica odisea llegue en marzo. Hay momentos en los que pienso que sería feliz tan sólo cuidando de un jardín. Un jardín de éstos que tienen plantas y flores, y en los que uno se puede apañar con un rastrillito y con cuatro tonterías. Hay momentos en los que pienso éso, pero el problema es que sale mi vena barroca y me dice que yo de qué voy, que me volvería pradera si todo fuese tan simple y que si ésa idea me provoca algún tipo de atracción es porque la veo en la distancia, pero que si alguna vez se diese, acabaría tocando el tambor en algún pueblo perdido de la Castilla manchega. Y no es que tenga nada en contra de éso, pero es que ése no es el motivo de ésta entrada. El motivo de la entrada es que, una vez determinados el marco temporal ( Cuando estaban a punto de estrenar Troya) y el marco geográfico (The twisted land of Oz), nos toca elegir los personajes, para lo que nos decantaremos por un personaje clásico y otro moderno. Una pareja para enfrentarse al mundo.¿Qué personajes nos gustaría ver en Oz? Pues,en un alarde de maestría literaria y de indiferencia total para con cualquier cosa que no sea la expresión de alegría etílica en la cara de un irlandés, voy a juntar a, por una parte, un indígena oriundo de Papua- Nueva Guinea ( ¿Qué hay más clásico que tener a un primitivo bonachón como compañero de aventuras?) y por otra, a un personaje moderno, un personaje que esté en el "rollo", un personaje "cool", un personaje que, en definitiva, haga grande cualquier historia en la que participe únicamente con su presencia. No existes muchos personajes así, por lo que la pregunta es qué personaje posee éstas características, pero los hay. Los hay y muy grandes, por cierto, por lo que vamos a sacar a nuestro protagonista principal de las garras de la muerte antes de que Roy Schneider haga explotar una bombona de oxígeno (o algo así) en su boca y vamos a traerlo a nuestra historia, por lo que el caso en cuestión dará comienzo de la siguiente forma:

"Érase una vez en la tierra de Oz, allá cuando Troya parecía buena idea y estaba a punto de ser estrenada, cuando un desorientado pero enorme tiburón blanco (el de la primera, no el de ninguna de las secuelas, a pesar de que uno haya compartido cartel con Michael Caine) se encuentra con un indígena de Papua-Nueva Guinea, quien tampoco tiene muy claro qué hace allí pero que, dada su innata bondad natural, se ofrece a ayudar al tiburón en su búsqueda, sea ésta cual sea, a lo que el tiburón acepta gustoso, emprendiendo de inmediato el viaje junto a su nuevo amigo. ¿Qué extrañas aventuras les deparará el destino a nuestra ya de por sí dadaísta pareja?¿Quién sabe?¿Acaso importa?¿Es que acaso un escualo y un isleño no pueden con cualquier cosa que los hados tengan a bien prepararles?YO CREO QUE SI"

2 comentarios:

Lunaem dijo...

Y el tiburón blanco no acabaría por zamparse al isleño?

babbarott dijo...

Nop.Son amics

 

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