miércoles, 22 de diciembre de 2010
Donde quiera que esté,mi carro es mio.
Vaya, es mi primera entrada siendo un año más viejo. Hace poco más de una semana, tenía un año menos, y cuando te quieres dar cuenta, paf, olda que olda. Y es en momentos como éste en los que a uno no le queda más remedio que tornar su mirada hacia Dios. Más concretamente, hacia lo que viene a ser la vieja rivalidad fideísmo - deísmo, todo ello sazonado con cálculo diferencial, por supuesto. Simplificando, el fideísmo es la postura que dice que a Dios sólo se llega mediante la fe, o sea, mediante la experiencia interior, y el deísmo nos dice que, mediante la razón, se llega a comprobar la existencia de Dios. Vamos, la fe y la razón liándose a ostias como han hecho toda la vida, sin darse cuenta de que ambas no son excluyentes, sino que van por distintos caminos. Es como comparar el tocino y la velocidad (¡¡¡¡POR FIN!!!!!Llevaba años queriendo usar esa expresión y he tenido que elaborar todo este tostón teológico para ello, pero ha valido la pena) y luego decir que el tocino afecta a la velocidad porque te hace engordar y corres menos.Oooh, otro mito que cae. A lo que iba. La relación fideísmo-deísmo nos enseña varias cosas, y aquí es cuando entra en acción el cálculo diferencial. No,no veréis letras raras ni fórmulas matemáticas, digo lo de cálculo diferencial tan sólo porque derivo ésto hacia otra cosa. Soy REALMENTE bueno cuando me pongo a ello, you know. Y es que todos tenemos ideas que, da igual que nos razonen que no son válidas, o que ya no son aplicables, o lo que sea. Creemos en ellas y punto pelota. Vosotros podéis decir que en el sur de África se encuentran Zambia y Zimbawe, y realmente tenéis razón, pero mirad, POR MIS COJONES QUE YO LO VOY A SEGUIR LLAMANDO RHODESIA, OSTIAS!!!! Si os fijáis, es el pilar último de toda religión (iros a la mierda, deístas), pero también de todas esas cosas que sentimos como propias y que son inmunes a todo ataque y a toda luz razonadora. O lo sientes, o no. Y para ello hay que ser muy prusiano, aunque fíjate, hoy me he levantado kierkegaardiano.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Che,té banyes, com els cargols!!
¿Nunca habéis jugado a ese juego consistente en repetir una y otra vez la misma palabra hasta que se desnaturaliza de tal forma que pierde todo sentido? Es un juego genial, la verdad, hasta el punto del delirio, me atrevería a decir. De hecho, la genialidad del juego reside en lo delirante de éste. Deberíais probarlo, pues hasta esta tarde os habría dicho que cualquier palabra es susceptible de ser objeto de éste juego, pero al llegar a casa me he encontrado una surprise. Entro en mi portal, subo por las escaleras y encuentro al vecino esperando el ascensor. Al coincidir, nos cruzamos un mutuo "hola". Como yo soy de escaleras, no de ascensores, pues en lugar de esperar el ascensor con mi vecino, subo las escaleras, pero claro, ya mi cabeza tiene material para volverse pradera. Hola, hola, hola, hola, hola, hola, hola, hola, hola, hola........Pero por más que lo repitas, Hola no pierde su sentido. Es poder puro, pues no se le puede privar de su sentido propio. Hola todo lo puede. Pienso que quizá sea por lo entrañable de su forma. Decid "Hola". ¿Acaso no abrazaríais a esa palabra formada por cuatro únicas letras que transmite amabilidad, carácter amistoso y pureza de espíritu? Yo desde luego si. Abrazaría a ese hola como si fuese encantador Oso Panda, o un graciosísimo oso con antifaz, ése negrito tan gracioso que trepa que da gloria verlo. Esta mañana he estado viendo un documental de osos, y desde luego que me parecen unos animalitos adorables. Que pueden medir el doble que yo y partirte por la mitad de un zarpazo, también, pero a pesar de ello son adorables.
viernes, 3 de diciembre de 2010
So bist du meine Tochter Nimmermehr
Esta mañana, me han pedido el Dni, y yo, totalmente confiado, he dicho "claro, un momento". Saco la cartera, la abro, y..... el Dni no estaba. Rabiando desde entonces, hace unos minutos se ha formado una idea en mi cabeza. ¿Genialidad?¿Inspiración?¿Locura?¿Qué diferencia estas tres cosas?Yo no lo sé, pero la idea en cuestión parecía incluso buena, pues mi hermano le ha dado su visto bueno (es un muchacho de doce años). Últimamente he no-encontrado varias cosas, que son el cable del iPod (si, tengo un iPod), una mochila para las botas, una sudadera blanca, un cd doble de Tschaikovski (¿soy pedante?DESDE LUEGO) y, como esta mañana he advertido, el DNI, que por cierto renové hará cosa de mes y medio. Hace un rato, recuperando si es posible el hilo de mi dispersa narrativa, se me ha iluminado la bombilla con una simple pero, en mi modesta opinión, ingeniosa idea: Si encuentro la relación entre las cosas perdidas, podré saber inmediatamente dónde se encuentran las piezas del ídolo perdido. O, en su defecto, aquello que no encuentro por ningún lado. Tras ponderar lo imponderable y meditar sobre las verdades metafísicas del universo, he encontrado el primer objeto de poder: ¡¡La mochila de las botas!! Una vez encontrado el primero, el resto venía rodado, por supuesto. ¿Qué hay dentro de la mochila?¡¡El Dni!! Y si no hubiese venido corriendo a compartir mi alegría con mi hermano, seguro que también habría encontrado el resto de objetos, pero no os preocupéis, pues seguro que están cerca de donde estaban los otros dos, lo siento en mis gónadaaaaaaaas
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