Wolfsheim es un grupo maravilloso. El señor Heppner tiene una voz que sin llegar a ser un vozarrón destructor sí que tiene los suficientes matices para hacerla fascinante, más allá de que toda voz que te recuerde a la de Dave Gahan ya tiene suficientes motivos como para molar. Además, esa música que la acompaña, con esos tecladillos ochenteros que deberían ser obligatorios en toda canción, es envolvente como sólo los nuevos románticos pueden conseguirlo ( ¿Tears for fears tenía una canción titulada "Raoul and the kings of Spain"? Espero que no, el nombre es atroz), y "Once in a lifetime" es una canción de ésas que se te graban, telúrica, me atrevería que decir que jugando en la misma división que "Enjoy the silence". ¿Porqué, de repente, me entra la vena nostálgica y me pongo a recordar a un grupo quizá no muy conocido de finales de los ochenta y principios de los noventa? Pues por dos cosas, básicamente. La primera es porque molan tanto como un cerdo en bicicleta, y la segunda porque son alemanes. ¿Y qué otras cosas son alemanas? Mi Borussia Dortmund. Mi querido Borussia Dortmund. Del que estoy muy orgulloso siempre. Y si encima le toca la cara al mandril, pues entonces hoy es un dia para sentirse verdaderamente prusiano. Y así es como me siento hoy, a pesar de que habían huelgas en los metros, a pesar de que un niño ha vomitado en el metro a mi lado, le ha dado a su hermano, se ha puesto a llorar y se ha armado un pitoste tremendo, a pesar de que un jubilado salvaje me ha atacado en el trabajo sin darse cuenta de que su opinión me importaba tanto como la discografía de Tiziano Ferro, pero lo malo es que trabajar de cara al público te impide actuar y decir cosas por las buenas, y como mucho sólo puedes mostrar algo de apatía y desinterés mientras hablas con él, pero nada te impide fantasear. Fantasear con lo que le podrías decir, pues al final de mi jornada la cantidad de respuestas ingeniosas que sólo tienen lugar en tu cabeza da miedo, aunque lo que me molesta es que luego no te acuerdas casi de ninguna. Vamos, como las películas de Michael Bay. Y por supuesto hay otras cosas con las que fantasear, aunque esto pasa menos a menudo, quizá tres o cuatro veces en lo que va de año, y lo guardas para la gente especial. Fantaseas con las cosas que te apetecería hacer a solas con el/ la interfecto/a en cuestión. Sólos tú y tu cuchara. Y os aseguro que hay días en los que referirse a ello como catártico es quedarse corto.
P.D: Una de las últimas comparaciones no es del todo correcta. Agradezco no acordarme de los engendros de Michael Bay
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