VELOCIDAD es lo que diría mientras entro en pantalla con cara de subidón si éste blog fuera hablado y mediante videocámara, o al menos es lo que haría si mi moto no estuviera capada a 50 km/h, lo que por otra parte resulta ser el límite de velocidad en ciudad, motivo por el cual imagino que la moto está capada. No me había parado a pensarlo hasta que lo he escrito, la verdad. Y es que es lo que tiene la vida, que cada vez te va quitando más cosas. La inocencia, los sueños, la capacidad de ir a más de 50 en moto....
Pero no todo son cosas banales. A veces la vida se pone seria y te golpea duro. Quizá fuera porque los previos a la situación iban a originar una situación excepcional, que no se repetirá, pero el caso es que HA OCURRIDO. Ayer jugué un partido de fútbol a las 15, del cual salí escopetado hacia el trabajo, donde estuve hasta casi el cambio de dia. Fui hacia el coche y ¡BABOOMSK! Mi coche no estaba. Como no había ningún otro en toda la calle, imaginé que mi coche había ofrecido resistencia y de la onda expansiva se habrían ido todos (así se las gasta mi coche) pero eso no era del todo cierto. Tras hablar con un par de agentes y algunos testigos, terminé hablando con la grúa que se lo había llevado. Tras los debidos plácemes y las promesas de amistad eterna, me dijeron que habían dejado mi coche en la playa, o lo que es lo mismo, allá donde Gunther se dejó el tralalá. Tras pensarlo mejor, decidí irme a casa a dormir y ya ir por la mañana a por él. Llegó la mañana, unas cinco horas después, y a por el coche, que es participio. Feliz reunión y a correr, que tenía otro partido. Así, para recibir el domingo con ganas. Tras el partido me voy a ver el partido de mi hermano, que éste si que sabe jugar a fútbol (menudo chusco de falta que has enchufado, Vicentbauer!!) y no como el viejuno de su hermano mayor. Termina el partido, lo llevo a su casa y me voy al torneo de tiro con arco de Patri, donde me esperaba un bocata de chorizo (esto tendrá su repercusión después) de donde vamos a comer y donde tendría lugar la humillación.
En la carta había un precioso filete de medio kilaco, por lo que la comanda estaba clara. Tras los obligados entrantes, llega el momento de la lucha. Por un lado, un apex predator, por el otro, el objeto inamovible que se enfrenta a la fuerza irresistible. Llegó el momento de la verdad y.... PERDÍ. Fui derrotado por un trozo de carne.¡No me lo pude acabar!¿Ni tomar luego postre?¡Ni eso!¡Ni postre luego pude tomar! Una tira entera de filete lucía burlona en el plato, sabedora de que había triunfado allá donde sus siete hermanas habían caído en gloriosa batalla, y me miraba con desprecio y superioridad, y yo sólo podía esquivar sus ¿ojos? arrogantes.
P. D: Al menos siempre nos quedará Frank T y su "gran obra maestra"
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